Salir a cenar con alguien a quien queremos tiene algo especial.
No es únicamente acerca de la comida.
Ni siquiera de la ubicación.
Es el momento.
Una cena en pareja tiene el potencial de ser un momento de descanso dentro de la rutina. Un lugar para intercambiar ideas sin apuro, beber una copa de vino y simplemente gozar de la compañía del otro.
Por eso es que numerosas parejas buscan vivir experiencias que hagan que esa noche sea diferente.
Un sitio con historia.
Un entorno privado.
Una situación que invite a permanecer un poco más.
En ciudades grandes, como la Ciudad de México, hallar ese tipo de sitios puede convertir un sencillo paseo en un recuerdo perdurable.
A pesar de que hay muchas opciones para salir, la cena continúa siendo uno de los instantes preferidos por las parejas.
Posee algo sencillo, pero a la vez potente.
Posibilita que se interrumpa el ritmo diario y se le dedique tiempo a la conversación.
Una cena en pareja suele ser efectiva porque crea un ambiente donde todo se centra en el momento que comparten.
Sin distracciones.
Sin apuro.
Únicamente la experiencia de estar unidos.
Si el lugar también está en sintonía con ese ambiente, la noche resulta todavía más especial.
En numerosas ocasiones, el menú no es lo que hace especial a una cena.
Es el entorno.
Los lugares que de verdad son apropiados para una cena romántica suelen compartir algunos elementos comunes:
• Luz cálida
• espacios apacibles
• música tranquila
• servicio cuidadoso
• detalles que hacen que el sitio se sienta acogedor
Esta pequeña serie de elementos transforma por completo la experiencia.
La cena deja de ser una mera salida para comer.
Se transforma en un momento que la pareja rememora.
Los restaurantes actuales no siempre pueden reproducir lo que tienen los espacios con historia.
Arquitectura de épocas antiguas.
Jardines ocultos.
Salones que lucen como si se hubieran quedado en otra época.
Este tipo de lugares propicia un entorno ideal para tener una cena con tu pareja, ya que el lugar en sí se convierte en parte de la experiencia.
En colonias como Coyoacán, por citar un caso, se pueden hallar lugares que mezclan la gastronomía con la arquitectura histórica.
Lo que se obtiene es una cena que parece diferente a cualquier otra.
Mansión Papilio es una mansión francesa del siglo XIX que se ha transformado en un hotel boutique creado únicamente para parejas. Esta se halla en el centro de Coyoacán.
Amaria, un laboratorio culinario en el que la gastronomía se transforma en una experiencia, está ubicado dentro de la propiedad.
El chef Eduardo Zaragoza, quien es conocido por su labor en Olivea Farm to Table, ubicado en Valle de Guadalupe, ha diseñado menús degustación que constan de 6 a 8 tiempos y se saborean tranquilamente.
Cada plato es un componente de una narrativa culinaria que se desarrolla durante la noche.
Las cenas tienen lugar en zonas privadas de la mansión.
Huertos.
Salones con historia.
Escenarios que parecen de otra era.
Se siente como una cena en el marco de una historia más que como un restaurante.
Numerosas parejas tienen recuerdos de instantes concretos de su relación.
Un recorrido.
Un hallazgo inesperado.
Una noche única.
Una cena para dos puede transformarse sin dificultad en uno de esos recuerdos.
No necesariamente por la espectacularidad del espacio.
Sino por la impresión de que todo estaba en armonía.
El diálogo.
El entorno.
El compás nocturno.
Porque, al fin y al cabo, no es solo la comida lo que hace recordar a las mejores cenas.
Se recuerdan por la manera en que se sintió el instante compartido.
Y ciertos lugares, como las mansiones ocultas en Coyoacán, parecen haber sido concebidos específicamente para causar eso.
En Mansión Papilio, después de todo, se comprende muy bien algo:
Causar amor es un arte.Final del formulario